31.10.10

La Boca


Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!

Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.


de Miguel Hernandez
(1910 - 1942, España)

22.10.10

16.10.10

El Viento, tú.


No soy muy bien hablante de lo que me siento, es más fácil que me veas a los ojos que reflejan el fondo del lago de más allá, de mi bosque. Sin embargo lo quiero decirte y compartir contigo, como me agita a mí ese suave movimiento del viento.

No más de hace una semana no sabía qué pasaría en el resto del tiempo aquí y de repente, no sé que eso era de pasar a nosotros o no, pero sí, de pronto me apareció una brisa de posibilidad con una intuición feliz y por fin llegó un viento, que provocabas y soplabas para llegarme volando a sentirte a mí.

El viento, que me deja sentir viva, sana y que está llenando con energías el vacío corazón del bosque, y más, me hace caer una gota del cariño, otra gota de alegrías y más gota de pasión para que renazca, florezca, deje frutos y acepte el tiempo a vivir como que nunca tuviera. Y, ya has regresado a mí, a mi bosque...
el viento, tú.